jueves 6 de noviembre de 2008

Milano (…e una porta che non si chiude)

Non so se sia cambiata qualcosa a Milano in questi mesi, non credo proprio. A dire la verità non sono neanche andata in centro. Ho passato questi ultimi giorni raccogliendo i pezzettini di tempo seminati durante quasi 4 anni e trasformati adesso in forma di sorrisi. 79 ore però non bastano.

A veces cuantificar el tiempo sólo sirve para dar forma a los relojes.

En Bolivia me enseñaron que ahoringa significa dentro de un rato, y ahora puede llegar a no ser nunca. A mí me hubiera gustado decirle al piloto de ese avión “espere, ahora nos vamos”, y poder quedarme así todo el tiempo que hiciera falta.

Adesso che sono tornata ho confermato due cose che già sapevo. Da Milano sono andate via gran parte delle persone a cui ci tengo. E a Milano rimangono ancora gran parte delle persone a cui ci tengo. Potrei chiedere tante altre cose a quella città, ma in ogni caso, non sarebbero così importanti.

viernes 11 de julio de 2008

El pueblo


San Ignacio de Moxos debe de ser uno de los pueblos más importantes de toda esta zona de selva amazónica, porque casi la mitad de sus casas tienen tejas en los tejados. Si no fuera por las casas de bambú y hojas de palma, y la basura que se acumula en las zanjas abiertas a lo largo de todo el perímetro de las casas y que (supongo) hacen de desagüe, a simple vista el pueblo no debería de ser tan diferente a uno de esos pueblos de la España profunda en los años 50, con sus mismas ventajas y sus mismas carencias, y también con sus mismas desigualdades sociales. En las calles, algunas afortunadamente adoquinadas, hay polvo, perros, cerdos, caballos, gallinas, algún niño descalzo y un sinfín de boñigas de vaca.

Después de un viaje tan largo y después de ver pasar por la ventana kilometros y kilometros de selva durante horas, uno podría pensar que todavía existen lugares donde lo que pasa en el resto del mundo no importa. Y sin embargo...




Y sin embargo, hoy me he cagado en el progreso y en el siglo XXI cuando, paseando por una de esas calles llenas de polvo, basura, animales y mierda de vaca, ha llegado a mis oídos la canción del Chiqui-Chiqui. (¿Pero cómo es posible? ¡con lo que me ha costado a mi llegar hasta aquí!)

martes 8 de julio de 2008

El camino hacia San Ignacio (Odisea)


No conozco Santa Cruz, pero conozco la estación de flotas de Santa Cruz un viernes a las ocho y media de la tarde, y es un auténtico delirio de tráfico, bocinas, vendedores ambulantes y familias enteras que corren. ¿Pero dónde coño está el ritmo latino? Nuestro taxi llega media hora antes de la hora de salida del único autobús que nos debería llevar a Trinidad. El taxista sale como un escopetín de ventanilla en ventanilla entre un barullo de gente y maletas en busca de tres pasajes, pero ya no queda ninguno hasta mañana. No pasa nada, paciencia.

El taxista insiste y un hombre nos ofrece dos asientos y un trocito de pasillo a un precio improponible para un viaje de 11 horas. Si algo aprendí de Zu' Totò en Palermo es a que me timen con un poco menos de descaro, así que finalmente decidimos irnos a cuestas con las mochilas, los instrumentos y el calorazo del invierno boliviano, y cambiar viaje a Trinidad por cerveza Paceña en un chiringuito de un nivel digno del mejor de los peores centros sociales.
El sueño me pilla en la habitación de un hostalucho desde el que, además de las bocinas y el frenético tráfico, se oye el regetón del local de abajo. (Andiamo bene...) Y al son de ¡mueve la cintura, arriba, arriba, eh, eh! me quedo dormida.

6.00 a.m. La ciudad me despierta a ritmo de rancheras. A las 7 de la mañana entre un barullo de gente y maletas conseguimos coger los últimos 3 billetes para Trinidad en el único autobús que debería salir a las 9 de la noche. Día turístico de propina en Santa Cruz, y por la noche el autobús no llega porque no encuentra combustible. (Andiamo bene...) Esperamos un par de horitas entre el barullo de gente y maletas y finalmente, a las 23.30 cogemos el autobus sin esperanzas ya de llegar a tiempo a Trinidad para coger el único furgón que nos debería llevar al día siguiente a San Ignacio. No pasa nada, paciencia.

Después de 11 horas de viaje, increiblemente conseguimos llegar a tiempo antes de que terminen de cargar los bultos en el techo del camión que sale hacia San Ignacio. El viaje Trinidad-San Ignacio es indescriptible. Nos montamos en un camión lleno de calor, perros, gatos, periquitos, niños, abuelas, paquetes y el polvo del camino que entra por las ventanillas abiertas del furgo-bus. Hay también vendedores ambulantes que venden helados y pescado frito. La gente compra desde las ventanillas y los helados pasan de cabeza en cabeza goteando entre los asientos desvencijados. Mientras tanto en el radiocasette suena una cinta rayada con La Lambada.

Desde la ventanilla se ve pasar la selva: vegetación y más vegetación durante horas y horas. De vez en cuando se ve una vaca y alguna choza construida con cuatro tablones y hojas de palma. Llegamos al primer río. Cruzar un río no supone un problema si se dispone de un puente... En ausencia de puentes, nos bajamos todos y cargan el camión en una balsa de madera, y dentro queda el calor con los perros, los gatos, los periquitos, los niños y las abuelas que duermen, los paquetes y el polvo del camino. Así hasta 3 veces.

Después de horas y horas viendo pasar la selva por la ventana y cuando ya uno ha perdido la noción del tiempo, me asaltan algunas dudas:
- ¿qué pasa si te quedas sin gasolina en medio de la selva?
- ¿de quién son esas vacas si llevamos kilómetros y kilómetros y hace horas que no se ve ni una sola chabola?
- ¿de qué forma llegará hasta un lugar tan aislado la información de lo que sucede ahí fuera? y sobre todo, ¿realmente importa?

Finalmente llegamos a la Escuela de Música de San Ignacio de Moxos a cuestas con las mochilas, los instrumentos, el polvo del camino y el calorazo del invierno boliviano. Son las 14.00 h del día 6 de julio y hace exactamente 62 horas que salí de casa. No pasa nada, paciencia.

jueves 3 de julio de 2008

Rumbo a Bolivia

Tengo 22 + 4 años y 3 meses por delante para decidir dónde pongo el resto. Difícil ecuación para tantas incógnitas.

Pronta per la partenza!!

domingo 29 de junio de 2008

Km 0

Come cavolo si fa a mettere 4 anni di vita in una valigia?

Mi último día en la Bella Italia se me ha escapado entre trastos intentando ordenar pedacitos de pasado para encajarlos dentro de una maleta. Ser un pequeño desastre a veces tiene sus ventajas: vaciando armarios y cajones he encontrado papeles escritos, alguna foto que ya no recordaba, y aquella carta que nunca llegué a mandar y en la que ahora sólo me reconozco a ratos. 4 años ha sido tiempo suficiente para echar por tierra alguno de mis principios fundamentales pero sobre todo para recibir infinitamente más de lo que yo nunca podré aportar.

Poi arriva la sera e il modo migliore per chiudere una tappa. Giro tradizionale con birre, risate, incontri inaspettati e la serata che avanza e non mi preoccupa neanche tanto, perché ho capito che essere in certi posti a certe ore con le persone giuste significa che le cose stanno andando bene.

Chiudiamo il Conchetta per il secondo giorno consecutivo, indispensabile panino di salamella, abbracci, ultimo viaggio nella mitica 90, e arrivo a casa col tempo giusto per prendere le valigie e non allungare troppo il saluto più difficile. E così sono arrivata al mio punto di partenza con una valigia con sovrappeso di ricordi e il sapore dell’ultima birra ancora in bocca.

Después de 1.200 km y 2 días de sueño acumulado estoy tan cansanda que ni siquiera encuentro las ganas de llorar. Meglio così. Sono appena arrivata e la vita ricomincia ancora.

jueves 19 de junio de 2008

Prossima fermata... Sud

Arriva il viaggio prima del viaggio. E pure questi tre giorni di tempo supplementare sono arrivati e passati tra università, banche, farmacie, divani e tutte le cose che pian piano si vanno chiudendo.

Luis, Juan, mi raccomando, encomendaos a la fe de San Miguel y el elefante de seis patas. ¡¡¡Vuelvo para las semis!!! (¿?)

sábado 14 de junio de 2008

... e via?

Ennesimo tentativo di portare avanti un’attività simile di maniera regolare, ennesima sfida alla mia condizione di natura intermittente. Dopo varie esperienze di blog, fotolog, myspace e facebook (si potrebbe dire che anch’io sono un po’ nerd?), tutte quante fallite a causa della mia mancanza di continuità, ecco che mi ritrovo ad aprire un blog. Il titolo evidentemente in omaggio ai protagonisti delle mie giornate in orario lavorativo durante gli ultimi mesi, grazie ai quali – e anche se ammetto di essere stata abbastanza ermetica - il lavoro di impaginazione è stato meno noioso, e per cui o riso tanto e ho anche pianto. Siete straordinari.

Conoscendomi come credo che mi conosco, non garantisco la continuità illimitata di questo blog però almeno prometto di fare un tentativo. Anche perché in questo momento di transito e disubicazione mi sembra in certo modo una maniera di non staccarmi di tutto cio’ che lascio in strada. E proprio per quello ho deciso di scriverlo in un perfetto itañol.

Eh... sí, últimamente mis días tienen cierto sabor amargo a despedida. (Visto el panorama de ayer, estoy ya temiendo el fatídico día en que tenga que hacer definitivamente la maleta). Pero tiempo al tiempo. De momento hoy serata Eurocopa, y los buenos de mis amigos que se fían de mis aptitudes culinarias para cocinar finalmente el mítico conejo de Beder bautizado a la cerveza, que si no fuera porque lleva un mes en el congelador, a estas alturas se habría ya convertido en la mascota del grupo.

Bella